En la intersección de las calles Almirante Brown y Patricios, una  esquina conocida como “El Lugar del Milagro”, desde hace un par de semanas, los vecinos que pasaban por  allí eran sorprendidos con la presencia de un fantasma que se deslizaba por el aire empuñando un hacha, elemento que en muchas ocasiones el espectro afilaba contra el asfalto. La mayoría de las personas que en esta esquina bajaban del colectivo y  se encontraban con esta aparición, especialmente las mujeres, corrían desesperadamente en la ignorancia de lo que les podía pasar.  Muchos vecinos fueron testigos de estas apariciones, hasta que una pareja que pasaba por ese lugar a bordo de una moto vieron al fantasma y  se llevaron un susto mayúsculo, entonces fueron al destacamento policial de Zelaya y a bordo de un patrullero con dos oficiales se acercaron sigilosamente a “ El Lugar de los Milagros” con las luces apagadas con la intención de sorprender al fantasma. Con los “pelos de punta” los uniformados vieron que el espectro, siempre con el hacha en una mano, salía detrás de la garita de la parada de colectivos. Los policías encendieron las luces del móvil y empuñaron sus armas, el fantasma comenzó a correr intentando saltar el alambrado para introducirse en un descampado. Los oficiales efectuaron dos disparos intimidatorios y el fantasma se detuvo en seco mientras gritaba con las manos en alto: “no disparen… soy humano, soy humano”, le ordenaron que se descubra y apareció un joven que temblaba como una hoja y de los matorrales aparecieron otros cuatro ante la sorpresa y el nerviosismo de los agentes y de la pareja que no sabían si lo que estaba ocurriendo era ficticio o real. Trasladados todos al destacamento allí se estableció que eran jóvenes vecinos de Zelaya de entre 15 y 19 años de edad, los que dijeron que todo se trató de una travesura para asustar a unos amigos.